Llegan los últimos días del año y es inevitable hacer, no se si tanto un balance, pero sí pensar en hechos que nos marcaron entre estos 365 días. Hubo un episodio en mi año que me hizo notar lo poco agradecida que puedo llegar a ser, pero por suerte y gracias a Dios, crucé en la vida ha gente que, sin querer, me dió una lección.
Fue el día miércoles 12 de septiembre. Después de andar durante seis horas a caballo por plena montaña desde Vipos llegamos hasta Anca Juli, un pueblo de alta montaña. La aventura que se hizo para llevar la imagen de la Virgen de La Merced la emprendí junto a un gran amigo que este año me hizo hacer actividades impensadas en mi unvierso, como ésta, y gracias a él conocí a Oscar Robles.
La Dama del Deporte ya hizo menciones varias veces a Héctor Manca, un deportista trasplantado que dedica su vida a concientizar sobre la donación de órganos. En otra ocasión, con él habíamos llegado en helicóptero al mismo lugar acompañados por el maestro de tecnología de la escuela de Anca Juli, que es Oscar. Como docente de la escuela, Oscar hace el viaje varias veces al mes en su moto de enduro y además les enseña música a los chicos del lugar. Esa es la gran pasión de Oscar: la música. Después de escucharlo cantar alguna veces y sorprenderme por la dulzura y alegría de las canciones que compone, puedo decir que es un bendecido por los dotes musicales que tiene.
Oscar llegó esa noche acompañado por Gladys y Mercedes, las otras dos maestras de alta montaña. Junto a ellos compartimos la cena que fue un exquisito chancho que nos convidaron los dueños de la casa en donde dejamos la imagen de la Virgen. Luego de escuchar y hacer el intento de acompañar en el canto a Oscar, rezamos. Guiados por el hacedor de la travesía de fe, Héctor propuso que cada uno diga una intención. No recuerdo bien mi lugar en la ronda, pero sí se que dije mi intención antes que Oscar. Recuerdo el momento previo porque en mi cabeza retumbaba la pregunta: ¿qué pido? ¿qué pido? ¡¿qué pido?! Encontré un pedido para Dios, fue muy válido y por un familiar que está pasando un momento desafiante en su salud que con toda fe estoy segura superará. Después lo escuché a Oscar y me quedé por lo menos pasmada, no por lo que dijo, sino por esos segundos frenéticos de la pregunta que retumbaba en mi mente. "Yo no tengo qué pedir, sólo tengo que agradecer. Así que le doy gracias a Dios", fueron las palabras de Oscar.
Desde entonces pienso todos los días en lo que quiero tener o hacer. Varias cosas las concreté y poco me paré a agradecer. Y también pensé que estando en ese lugar tan precioso como Anca Juli es suficiente para dar las gracias por estar ahí. Pedir, pedir y pedir; concretar, concretar y concretar... ¿y después? Acordarse de agradecer, sino es a Dios, a la vida. Estar viva, es un buen motivo para dar las gracias... GRACIAS.