Haber conocido a estas dos personas lo tomé como un regalo que me hizo mi profesión de periodista deportiva. Héctor "Etín" Manca y María Musumeci Miserendino son personas que mediante la nobleza y el gran poder de atracción que tiene el deporte concientizan y ayudan. ¿A cambio de qué? De simplemente sentirse bien porque ellos se sienten felices al ayudar.
Los dos se valen de la fortaleza de sus piernas para llevar sus mensajes. "Etín" abordo de su bici, María con las mejores zapatillas que pudo conseguir. Mi admiración por ellos es que por distintos motivos, muy duros por cierto, ellos entendieron que la donación de órganos es un acto vital, una acción que debería convertirse en hábito ciudadano. María corre, corre y corre; es maratonista y en cada carrera que emprende se pone en la espalda los nombres de "sus príncipes y princesas" como ellas les dice, pero que en realidad van en su corazón no sólo en las maratones, sino en cada paso que da al día. Los príncipes y princesas son chicos que están en lista de espera. Lo último que hizo fue participar en Ushuaia de la maratón "Corriendo por Malvinas en el fin del mundo".
Mientras tanto "Etín" está pedaleando. Pedelea y pedalea desde el 12 de marzo uniendo La Casa Histórica con El Cabildo y va dando las charlas con su mensaje, siempre en honor a su donante: "donar órganos es donar vida".
Los dos me movilizan porque, por lo que pasaron (María perdió a su sobrino luego de un trasplante, Héctor casi muere porque no recibía un hígado) uno podría llegar a pensar que la vida les debe algo, pero ellos se mueven con una actitud totalmente opuesta. Se entregan a la sociedad, se entregan a nosotros y, por si fuera poco, hacen de nuestro mundo un lugar mejor. A escucharlos, a imitarlos y, sobre todo, a acompañarlos. Sí, parecen ángeles que caminan entre nosotros, pero no lo son. Son tan comunes como cualquier persona, como vos y como yo, pero entendieron que ser extraordinario no es difícil y que todos podemos serlo.

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