jueves, 19 de diciembre de 2013

Mandela y el rugby: sellos de la unión

El escritor inglés John Carlin explicó cómo la política del líder y el deporte generaron una fusión para terminar de construir la nueva Sudáfrica.

 
“Joel Stransky habría podido atribuirse el mérito del triunfo, pero se lo cedió al decimosexto hombre de los Springboks. El efecto que causó en los jugadores fue inconmesurable. Aquel día fue un cuento de hadas hecho realidad, con Mandela en el centro. Él nos dio la victoria”.
El párrafo pertenece al libro el “Factor humano: Nelson Mandela y el partido que salvó una nación”, del periodista inglés John Carlin, una obra que refleja como el rugby, fue el sello final para que Sudáfrica mostrara al mundo, y además a ella misma, que constituía una nación de negros y blancos.
El extracto resume lo que muchos otros relatos en el libro: Mandela, que terminó con el apartheid  (doctrina de segregación racial) en Sudáfrica, será como un personaje fantástico para el país porque su astucia y su capacidad política fueron impactantes, impacto que nunca hubiese alcanzado de no ser por esa bondad, ese factor humano, que muchos líderes políticos obvian u obviaron.
Como apunta Carlin, Stransky podría ser, mejor aún, es, el hombre que le permitió a la selección de rugby de Sudáfrica ser campeona del mundo, en casa, en 1995. “Recibí el balón limpiamente, y ejecuté un chut (patada) perfecto -decía Stransky, reviviendo el momento más feliz de su vida-. Mantuvo su trayectoria. Giró como debía, sin desviarse. Y ni siquiera miré para ver si iba a atravesar los palos. Sabía, en cuanto se alejó de mi bota, que era un golpe demasiado bueno para fallar. Y me sentí absolutamente exultante”, transcribió Carlin el relato del medio apertura Springboks.
Lo de Stransky fue monumental al verlo. Y con los detalles del libro de Carlin, la explicación para que el rugbier haya podido hacer semejante acción con tanta displicencia en tamaña circunstancia, está en Mandela. Antes del partido en el Ellis Park de Johannesburgo, el entonces presidente de Sudáfrica fue al vestuario a saludar al equipo. “Mandela era consciente de que su visita podía elevar más aún la presión sanguínea de los Springboks, que ya estaba en un nivel peligroso. Pero luego dijo que sus palabras habían estado `calculadas para animarles`”, reveló Carlin en el capítulo “El sabor de la sangre”.
Y sí: los animó. Lo animó a Stransky. Más si se tiene en cuenta la instancia de la definición: Stransky ejecutó el drop de la victoria cuando faltaban siete minutos para el final, el marcador estaba 12-12, anuló la jugada que había ordenado el gran capitán Francois Piennar con 62.000 personas en el estadio y contra ¡los Alls Blacks! “Fue una auténtica inspiración. Yo habría pensado que era completamente imposible hacer más intensos los sentimientos que teníamos antes del encuentro, pero Mandela lo consiguió. Nos `aceleró` todavía más”, rememoró Stransky en el “Factor humano”.
Mandela utilizó la Copa del Mundo de rugby para unir a un país dividido por el color de la piel. Fue un artista que con obras hechas acciones pintó un nuevo paisaje en su país. Uno mejor, donde el blanco y el negro, tenían tanto e igual espacio en su obra, como cualquier otro color.
En ese partido de rugby lo más cerca que estuvo Mandela de formar parte del mismo, fue cuando pisó el césped para saludar a todos los jugadores. Mandela ese día ni tocó la guinda porque lo calculó. No tenía la certeza, pero sí la fe de que no hacían falta acciones exageradas, tal cual lo había hecho durante su carrera política, para simbolizar la unión sudafricana que perdura hasta hoy.
“Fue un día memorable -dijo Mandela años después, con una sonrisa que iluminaba el mismo salón en el que se había sentado a saborear la victoria aquella noche del 24 de junio de 1995. “Nunca imaginé que ganar la Copa del Mundo pudiera tener tanto impacto en una persona. Nunca me lo esperé. Todo lo que hacía era seguir adelante en mi tarea de movilizar a los sudafricanos para que apoyaran el rugby e influyeran en los afrikáners (la etnia de origen neerlandés), sobre todo con vistas a la construcción nacional”, se lee en una de las últimas páginas del libro.
Carlin es palabra autorizada para diagnosticar la clave de la trascendencia de la obra de Mandela. “Triunfó porque prefirió ver el bien en personas a las que el 99% de la gente habría considerado imposibles de redimir. (...) Mandela apuntó directamente a la semilla oculta que albergaba a sus `ángeles buenos´ y supo sacar la bondad que yace en el fondo de todas las personas. (...) Con su empeño en despertar e incitar lo que había de mejor en ellos, y en todos los sudafricanos blancos que vieron el rugby aquel día, les ofreció un regalo de valor incalculable: hizo que pudieran sentirse mejores personas y, en algunos casos, los transformó en héroes”, analizó Carlin.

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