jueves, 11 de octubre de 2012

Reflexionamos para cuidar la naturaleza

Voy a recurrir a una "frase hecha" para empezar esta entrada... ¡LA NATURALEZA ES SABIA! Muchas veces no apreciamos que sea cuál fuese nuestro Dios (espero que todos crean en alguno) haya dotado a la naturaleza de sabiduría. Como consecuencia de esa falta de aprecio y, sobre todo, de consciencia, no cuidamos nuestro planeta. A ver si esta entrada nos moviliza a querer más la tierra y darnos cuenta que nosotros le quitamos más de lo que nos brinda.
Como será de sabia la naturaleza, que buen juicio tiene, que nos brinda desde sus entrañas tres materiales para construir, entre otras cosas, casas. El hogar que las personas habitan, y de hecho muchos de los que habitan el planeta aunque nos suene extraño en estos tiempos súper modernos, puede estar hecho de tierra, totora o bambú.
La Dama del Deporte se centrará más en la "tierra" porque puede dar testimonio de la efectividad de las construcciones hechas con ladrillo de adobe. Luego de una cabalgata de más de seis horas desde Vipos de arriba hasta Anca Juli, ambos puntos ubicados en Tucumán, provincia argentina del país en que nací, experimenté las bondades de estas construcciones que sin egoísmo la naturaleza nos permite levantar.
La casa en donde nos recibieron de la familia Olivares estaba hecha con ladrillos de adobe, el hostal donde dormí también. Un ladrillo de adobe es un bloque, un poco más grande y grueso que los tradicionales ladrillos naranjas, compuesto por tierra hecha barro y arcilla. Es éste último elemento el que abunda en el suelo de Anca Juli y permite la construcción de viviendas. Constuir los ladrillos de adobe es un proceso simple: hay que mezclar el barro con la tierra arcillosa, poner la masa que se forma en los moldes y, eso sí, armarse de paciencia porque se seca al sol y tarda varios días. Para garantizar su plena unión y que no se resquebraje, se agrega pasto seco y paja.
Al llegar a Anca Juli de a poco se fue sintiendo como bajaba la temperatura con la llegada de la noche. Vaya la sorpresa al sentir la diferencia entre estar afuera y dentro de la casa que protegía con calidez de la baja temperatura. Una de las bondades del adobe es su inercia térmica por lo que tiene buenas características de regulador: en verano mantiene el ambiente fresco y en invierno, cálido.
La casa de los Olivares en Anca Juli.

Si bien el bambú acompaña a la humanidad desde hace siglos, fue en el XXI en el que se explotaron sus bondades como materia prima para la construcción. Fue el arquitecto colombiano, Simón Vélez, el que lideró los avances para que hoy se considere al bambú como "el acero vegetal". Tal es el éxito de lo que logró Vélez que el Museo Nómada (una estructura que va por diferentes países; es una promesa que La Dama del Deporte escribirá sobre ello), cuando llegó a México en 2008, ocupó 5.130 metros cuadrados de ¡BAMBÚ! Obvio que fue la estructura más grande concebida con el "acero vegetal". Además de tener fortaleza, elasticidad y dureza, es altamente renovable porque se reproduce fácilmente y con rapidez.
Una pintoresca casa hecha de bambú

Schoenoplectus californicus o totora es como un junco que le permite hacer de todo, incluso alimentarse, a la etnia de Los Uros en sus islas flotantes peruanas. 
Postal de una isla flotante hecha con totora. Allí habita la etnia de Los Uros

Para que estas materias primas puedan seguir existiendo hay que cuidar el planeta. La tierra nos da, pero nosotros no y con muchas acciones más que nada le sustraemos o le destruimos sus elementos. Compartir y ser solidarios no sólo se extiende hasta el prójimo, también es una acción aplicable hacia la tierra que nos alberga.

Fuentes:


Sobre la totora:

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