miércoles, 15 de febrero de 2012

Adhieran al hombre excepcional que es muy común

Hace un par de días me encontré navegando con un Face que proponía adherir a la nomincación de Juan Carr al premio Nobel de la paz. ¡Vaya que alegría saber que este señor tenga tremendo reconocimiento! No voy a comentarles mucho de la vida de él, al final de esta entrada les voy a dejar un par de links que cuentan quién es. Lo que sí voy a contarles es porqué tengo admiración hacia él.



La primera vez que leí sobre él fue en una entrevista que le hicieron en la revista Nueva. Su historia me impactó porque es una persona tan común como cualquiera, pero con un enorme sentido de solidaridad. Hasta que lo conocí, pensaba que la gente que ayuda son personas que sacrificaron todo en su vida para darle no una, sino las dos manos, su cabeza, sus pies, todo, al prójimo. Con él, nada que ver.
Y ahí radica el mayor poder de su mensaje hecho acción con todas las movidas solidarias que hace. Él tiene su familia, estudió veterinaria, trabaja, cuida de su familia todo a la par de su solidaridad hecha acción, no sacrificó nada de su vida, una vida tan común y linda como cualquiera puede aspirar a tener. Pero ayuda.
Tiene en su discurso frases que a mí cada vez me suenan menos locas como "¡quiero cambiar el mundo!". Creo que me suenan menos locas porque él mismo es ejemplo de que se puede cambiar el mundo y no hace falta irse a Somalía a palear el hambre. No. Primero hace falta, como él dice en su definición de cultura solidaria, que una comunidad levante la mirada y preste atención a las necesidades de los demás. A ver... prueben y levanten la mirada ¿qué ven? Hasta Somalía no van a ver, así que esa excusa de que estamos lejos del hambre para ayudar no vale. Capaz que en la esquina nomás hay alguien con hambre. Según Carr, así empezó también su forma de canalizar el deseo desenfrenado por ayudar: dándole de comer a la gente de la calle.
Él todavía reconoce que es algo excepcional que la gente ayude, pero cada vez es menos porque debe volverse común, algo de lo que también está seguro va a ocurrir en poco tiempo. Considero que no puede ser tan difícil encontrar el equilibrio entre una rutina y algo tan noble como ayudar al otro y si no lo logramos es porque algo no está del todo bien porque, al fin y al cabo, lo que propone es incorporar un hábito. Será que el problema radica en que es un buen hábito, y los buenos hábitos cada vez están menos de moda.
Quería que conozcan a Juan Carr, aunque sinceramente espero que esto no sea novedad para nadie. Si están convencidos, adhieran a su nomincación al premio Nobel de la paz aquí.
Ahora para que conozcan más sobre Juan les dejo un par de notas interesantes sobre él:
La historia de Juan Carr, el hombre que postulan para el premio Nobel de la paz
La cara solidaria de un mundo invisible
Juan Carr, optimista al extremo
Juan Carr está nominado al premio Nobel de la paz

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